INFRAESTRUCTURA VERDE

La mayor parte del territorio metropolitano está constituido por espacios de gran valor ambiental y social, tales como parques naturales, espacios fluviales, playas o suelos agrarios, así como por parques urbanos, plazas y calles. Juntos configuran la infraestructura verde metropolitana, de una importante riqueza ecológica y paisajística. Contiene más de 60 hábitats con superficie relevante y más de 5.300 especies contabilizadas, y aporta servicios ecosistémicos para la mejora del entorno.

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  • ¿DÓNDE ESTAMOS?
    Los 636 km² que conforman el territorio metropolitano están ocupados por un gran número de asentamientos urbanos de diversos tipos y por una densa red de infraestructuras y servicios. No obstante, en este territorio densamente ocupado todavía subsiste un sistema de espacios naturales y agrícolas, que ocupa más del 52% de la superficie y que posee numerosos valores ambientales, productivos y sociales que benefician a toda la ciudadanía.

    Se trata de una infraestructura verde muy diversa, que desempeña un papel fundamental en el futuro de la metrópolis, amenazada por los efectos globales del cambio climático y los impactos locales derivados del tráfico o de la ocupación del suelo.
  • ¿HACIA DÓNDE VAMOS?
    Hemos invertido la mirada al territorio, poniendo en primer plano la infraestructura verde como una red ambiental estratégicamente planificada, que soporta y condiciona el planeamiento urbanístico, para garantizar una mayor biodiversidad, conectividad y aportación de servicios ecosistémicos en la metrópolis; una infraestructura que fusione naturaleza, espacio público y ciudad, de modo que el verde se infiltre en la ciudad y conecte un espacio público regenerado con nuevas cualidades ambientales y ecológicas.

La infraestructura verde, que podría llegar a representar el 71% de la superficie metropolitana, está amenazada por la fuerte intervención humana, que genera una fragmentación de los espacios naturales, así como alteraciones derivadas de ciertas actividades urbanas, de la homogeneización del paisaje y de los impactos del cambio climático.

La infraestructura verde

Lamentablemente, se prevé un escenario entre los años 2041 y 2070 en el que se producirá:
  • Un aumento de la temperatura media de entre 1,7 °C y 2,1 °C
  • Una reducción de las precipitaciones del 8%
  • Un aumento de los periodos de sequía y de los aguaceros extremos
  • Un posible incremento del nivel del mar de 1 m
Los ecosistemas metropolitanos regulan el ciclo del agua, minimizan las afectaciones en el litoral y generan ambientes urbanos menos calurosos. Estos y otros servicios ecosistémicos permiten que el territorio metropolitano sea más resiliente a los impactos previstos del cambio climático. Por ello, es necesario identificar y preservar los espacios estratégicos que pueden ejercer estas funciones.
  • ECOSISTEMAS CONECTADOS
    La fragmentación del paisaje metropolitano, en su mayor parte provocada por las actividades humanas, ha roto o disminuido la conectividad ecológica. Este fenómeno se manifiesta en 37 puntos críticos para la conectividad ecológica. Las escorrentías superficiales y las zonas inundables siempre han constituido un condicionante en el desarrollo urbano, y debemos tomarlo en consideración a la hora de reconstruir conexiones ecológicas. El agua es un bien escaso y muy valioso, cualidades que con el cambio climático adquieren una mayor relevancia. Desde el punto de vista de la biodiversidad, en el área metropolitana de Barcelona encontramos entornos relacionados con el agua tan peculiares como las cuencas del Llobregat y el Besòs, los arroyos, y los humedales y las zonas de dunas de la franja litoral.

    Por lo tanto, es importante reconocer y valorar la hidrografía superficial como una estructura azul con una función de conexión ecológica, así como el papel que desempeñan los recursos subterráneos propios a la hora de garantizar el abastecimiento de agua en el área metropolitana. En este sentido, se impone preservar los arroyos, los ríos y los suelos permeables de las principales zonas de recarga, tanto en las zonas agrícolas como en las forestales, con objeto de evitar problemas de inundabilidad aguas abajo, y en los entornos urbanos para conseguir una mejor regulación hídrica y térmica.
    Ecosistemas conectados
  • PAISAJES PRODUCTIVOS
    Desde el año 1956 se han perdido el 80% de los terrenos agrícolas en los valles fluviales y espacios de montaña. Pese a la fuerte intervención humana, el área metropolitana de Barcelona aún mantiene una elevada biodiversidad. Las mismas características del relieve que condicionaron el modo en el que se ocupaba el suelo permitieron preservar en Collserola, en el macizo de El Garraf, en las montañas de El Ordal o en la sierra de Marina espacios con un importante valor ecosistémico. Dichos espacios, que conservan gran parte de sus cubiertas boscosas, se combinan con actividades agrarias, ya sea en extensiones como la que ocupa el curso bajo del Llobregat o alternadas con las masas boscosas. En el paisaje mediterráneo, la biodiversidad debe hacer frente a importantes presiones (forestación, deforestación, abandono de cultivos, urbanización) sobre sus organismos y ecosistemas, en parte derivadas del cambio climático. Para mantenerla, es imprescindible la actividad humana en forma de agricultura y de ganadería extensiva.

    A fin de evitar la pérdida de biodiversidad y poder garantizar el ciclo natural y el aprovisionamiento, tanto de agua como de alimentos de proximidad, y a fin de minimizar los riesgos naturales que conlleva un territorio excesivamente forestado por falta de gestión, se debe recuperar la estructura del mosaico agroforestal, proteger los suelos fértiles y permitir aquellas actividades que garanticen su gestión activa.


    PAISAJES PRODUCTIVOS
  • CIUDADES RENATURALIZADAS
    La fragmentación del territorio ha creado espacios de transición entre la ciudad y los espacios agrícolas y naturales, que han adoptado una situación de marginalidad. De hecho, existen 10.742 ha de territorio metropolitano que se han convertido en espacios intersticiales. También es importante destacar que más del 25% de la población vive en ámbitos afectados por alguna infraestructura segregada.

    Por otro lado, la regulación urbanística no responde a las nuevas demandas sociales en términos de calidad del verde y de habitabilidad. Así, en la práctica, tan solo el 25% del verde calificado como tal llega a desempeñar una función ecosistémica, por lo que el conjunto de los espacios que el planeamiento destina a verde urbano se configura como un sistema desdibujado, no permeable y poco verde. De hecho, el 65% de la población vive en entornos urbanos con un alto impacto del tráfico de vehículos y con poco verde urbano.

    Por consiguiente, es preciso reconectar los asentamientos urbanos con el medio, infiltrar la calidad del verde en los tejidos haciendo hincapié en su relación con el entorno natural y productivo. En esta relación, son de especial importancia las conexiones verdes y los parques de valor metropolitano, dado que cohesionan social y ecológicamente las ciudades con el entorno.

    CIUDADES RENATURALIZADAS
En cuanto a la infraestructura verde, del diagnóstico del territorio metropolitano se desprenden unos retos que el planeamiento debe abordar en función de sus objetivos generales y de su capacidad de actuación.

Tras la valoración y la elección final de las diversas alternativas, el PDU está en condiciones de abordar los retos planteados y de terminar de perfilar sus propuestas.

Estas propuestas se definen con el nivel de concreción que corresponde a un avance, en el apartado de propósitos, el cual se ha estructurado siguiendo cuatro grandes categorias de componentes: los elementos estructurantes, el mosaico agroforestal, los tejidos urbanos y los ámbitos de actuación.
INFRAESTRUCTURA VERDE
Esta cartografía se ha realizado a partir del plano «D.II.01 Infraestructura verde», que forma parte de la documentación gráfica del documento de Avance.
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